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En violación del artículo del Tratado antes mencionado, Louis Antione de Bouganville, con la licencia de su gobierno, organizó una expedición para fundar allí una colonia. El 1º de abril de 1764 se inauguró una colonia denominado “Forte Róyale”, tomando posesión de todo el archipiélago en nombre de su Rey. El establecimiento fue levantado sobre las orillas de un puerto interior de la Bahía de la Anunciación del sector noreste de la isla Soledad. Entre enero de 1764 y el último trimestre de 1765 hizo tres viajes a Francia para buscar recursos económicos y colonos para el establecimiento. Llegaron a ser cerca de 150 los pobladores de la colonia en Puerto Louis, nombre con el cual se bautizaron el puerto. Ante la protesta española por la violación de los términos del Tratado de Utrecht, el gobierno francés reconoció finalmente su falta. Bouganville fue citado a Madrid y, el 4 de octubre de 1766, aceptó su error y devolvió voluntariamente la colonia a su dueño legítimo. El mismo día el gobierno español nombró el capitán de navío Felipe Ruiz Puente gobernador de las “Islas Malouines”, bajo la dependencia del gobierno de Buenos Aires aun no constituido en Virreinato. El traspaso se hizo efectivo en Puerto Louis, el 1º de abril de 1767 y se declara bajo la jurisdicción de la Capitanía General de Buenos Aires. El Gobernador español Felipe Ruiz Puente juró a su cargo en las islas y instalo en ellas en la casa mayor del caserío de la Colonia francesa. La Toma de posesión por el Reino Unido, 23 de enero de 1765. Entre tanto, y con la sospecha de que los franceses les habían anticipado en la colonización de las islas, Gran Bretaña envió una expedición clandestina a las Malvinas. Los tres barcos que componía la expedición, bajo el mando del comodoro John Byron, fondearon en una bahía a la que llamó Port (Puerto) Egmont. Esta bahía está formada por la Gran Malvina por el lado sur, la isla Trinidad hacia el oeste y la isla Vigía hacia el este. Desembarcó sobre la isla Trinidad y tomó posesión de las “Falkland” en enero de 1765 y continuó viaje al estrecho de Magallanes. Un año más tarde, llegó al puerto Egmont (de la Cruzada en la cartografía española) una guarnición a las ordenes del capitán británico John Mc Bride, instalándose en la isla Trinidad. Este detalle es muy importante (el de establecerse en la isla Trinidad en no sobre la Gran Malvina) como así también, los casi dos años transcurridos desde la fundación de la colonia francesa de Forte Róyale sobre la Malvina oriental. Mc Bride tenía que confirmar la ahora certeza del ministerio británico de la presencia de los franceses en el archipiélago. A tal efecto, en la primavera inició la exploración de las costas de las islas en búsqueda de la colonia francesa. Llegó a la Bahía de la Anunciación en los últimos días del mes de diciembre de 1766. Allí conminó la evacuación inmediata de los pobladores de la colonia aseverando que las islas habían sido descubiertas por los ingleses. Cumplido su cometido, volvió inmediatamente a Londres sin que su ultimátum en Puerto Louis tuviera consecuencias. A mediados del mismo año, 1766, los españoles recibieron informes en Madrid sobre el desembarco de Byron y la ocupación ordenada por el gobierno inglés consumida por Mc Bride. No conocían con exactitud los hechos ni el lugar del futuro establecimiento británico. La ocupación inglesa de la isla Trinidad pretendía afirmarse en ciertos derechos aunque el trasfondo del asunto reposaba en otros motivos que, sin duda, era la verdadera razón de esta incursión en las islas. El poderío naval británico era, desde antiguo, el motor impulsor de la política expansionista inglesa. En las palabras del primer Lord del Almirantazgo, las Malvinas eran : “La llave de cerrojo sobre todo el flujo marítimo interoceánico y el dominio del Pacífico y Atlántico. Además, desde las islas se debe vigilar y controlar todos los puertos y el comercio de Chile, el Perú, el Panamá y Acapulco. En una palabra: todo el territorio Español del centro y Sudamérica.” Aquí está el quid de la cuestión, un supuesto título inglés respecto a las Islas era secundario. Lo fundamental era poder fabricar alguna razón que justificara su presencia en las islas, aunque esa razón fuera inconsistente. Por eso primero se esgrimió el argumento de descubrimiento – a pesar de ser infundado – y luego atuvo al ocupación, pese a que Bouganville les había precedido en dos años. En la ausencia de otros argumentos fundados, tuvo que recurrir a los únicos realizables, sabiendo perfectamente que reposaban en falsedades, sin validez jurídica alguna. Francia reconoce la soberanía española preexistente. España invocaba, en cambio, derechos derivados de razones de mayor trascendencia. En primer lugar, ajustándose a las disposiciones de varios Tratados Anglo-españoles y por otra parte, España siempre tenía prioridad en la ocupación en consideración de la sucesión de Francia recibiendo de ella una colonia ya establecida y funcional. Por indicación del rey Luis XV, en efecto, Bouganville abandona las islas el 2 de abril de 1767. De modo que España, al recibirlas, se convirtió en continuadora de la ocupación iniciada en 1764, la cual comprendía evidentemente todo el archipiélago. Ese traspaso, que los ingleses no objetaron a pesar de su carácter público (tenía un Tratado por medio), significaba de parte de Francia un reconocimiento de la soberanía española preexistente. Significaba también, por parte de la Gran Bretaña, una tácita aceptación de la misma. Porque si hubiera considerado entonces que las Malvinas le pertenecían, no hubiera dejado de presentar un pleito por la nulidad de aquella transacción franco-español. Sin embargo, y hay que subrayarlo, cuando en octubre de 1766 se divulgó el acuerdo con Bougainville, el gobierno inglés ya había consumado la fundación de su establecimiento en Puerto Egmont y la mantuvo en secreto.
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