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Estimado lector / a: Habida cuenta del aparente caos de valores en que nos hallamos inmersos, pensamos día a día que el desafío de llevar una nación adelante excede a nuestras capacidades. Es lógico que así sea. Sin embargo, somos funcionales por omisión a que la corrupción continúe. Intento desde estas líneas, transmitir el eje central de nuestro pensamiento en cuanto a que los justos deben ocupar los lugares del gobierno. Sabemos que los hombres con valores son la mayoría. Sabemos también que la entrega heroica de nuestros próceres es la que nos permitió llegar a donde estamos. Pero más allá de todas las especulaciones intelectuales, queda el camino de la acción. Por supuesto es difícil no desalentarse en el momento de decidir participar de la cosa pública, pues conspira para esto una línea de pensamiento construida desde el cansancio cívico. Quizás una de las trampas intelectuales en la que más fácil sea caer es la de la extrapolación. No todos los modelos de pensamiento son aplicables a todas las variables que ha sabido construir el ser humano. De tal manera, cuesta entender porqué el pensamiento Darwiniano de la supervivencia de los más aptos sea aplicado por defecto al análisis de la construcción política y la gestión de la cosa pública. Trampa y falacia. Pero no por falaz este pensamiento extrapolado ha dejado de generar problemas. Es así como crece la exposición del hombre común a las malas prácticas de políticos y dirigentes, ya que llegan al poder los más aptos... de una escala de valores que nada tiene que ver con el honor. Hasta aquí logramos llegar en cuanto a definir el costado intelectual de algo mucho más azaroso que las meras ideas. Después de esto, es necesario reunir el coraje cívico que animó a fundadores de muchas naciones, ya que las naciones se refundan constantemente. Esto conlleva necesariamente la participación activa, desde la exigencia del respeto de nuestros derechos hasta el estricto cumplimiento de nuestros deberes. En las naciones donde el honor carece de sentido y los valores no se profesan, se llega a la pobre idea de que los únicos deberes del ciudadano son tributarios. En aquellas donde los valores son la columna de la sociedad y el honor el único camino, los hombres ejercen con gusto sus deberes. Esos deberes llevan añadida la participación en la actividad política cumpliendo los ideales de Libertad, Igualdad, Fraternidad. Para que los hombres sin honor no ocupen el lugar de los justos, los justos deben ocuparlo. Exijamos honor, seleccionemos con honor, eduquemos con honor... seamos honorables. Nuestras naciones están en construcción. Dr. Sergio H. Núnes Gran Maestre. NdR: Símbolo Net - nº 40 - Julio de 2005
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